El arte de meditar

Actualizado: 21 feb

"Baba Nam Kevalam, Baba Nam Kevalan, Baba Nam Kevalan..." Tocaba este mantra mientras estaba sentada, con los ojos cerrados, en una sesión de meditación guiada presencial en un retiro de yoga, a cargo de la maestra Joana Reis.


Cuando abrí los ojos, vi el verde de los árboles de una gran montaña en el horizonte, el sol saliendo todavía muy tímido, pero irradiando color en un amanecer frío. El contraste de colores me despertó a una belleza única. El entorno, todo lo que vi y escuché, me inundó de paz. Sentí amor como nunca antes. Sentí que quería eso todos los días de mi vida. Empecé a meditar desde este día.


Meditar suena fácil, pero empezar es difícil. No sabía cómo hacerlo, solo tenía la idea de que tendría que estar sentada en silencio. Mi profesora de Yoga - en ese momento en 2016 - Daniela Amorim, me guió a escuchar este mantra que despertó todo este deseo, una vez por la mañana apenas me despierto y una vez por la noche antes de acostarme, cantando y teniendo un minuto de silencio después. Entonces comencé mi meditación y durante ese minuto de silencio descubrí lo enferma que estaba mi mente, cómo había muchos pensamientos ansiosos, cómo mi mente no se callaba.


Todavía no estaba satisfecha con mi meditación. Al mismo tiempo, mi psiquiatra me sugirió que leyera y practicara las enseñanzas del libro Mindfullness - Mindfulness de J. Mark G. Williams. También dijo que meditar era simplemente cerrar los ojos y ver pasar los pensamientos pero no involucrarse con ninguno de ellos, siempre que lo hagas todos los días.


Realizar las actividades propuestas en el libro fue el momento más agradable. Cada semana tenía actividades de mindfulness que realizar. Aprendí a sentir y ver la belleza en el camino. Aprendí a prestar atención a la belleza del mundo y a mis sentidos y a no escuchar los pensamientos que generaban ansiedad. Aprendí a confiar y a relajarme.


De repente, mi meditación diaria dos veces al día se convirtió en algo muy placentero y más largo. Fue un compromiso conmigo mismo. Era mi momento de aprender de mí mismo, de escucharme, de aprender a dejar ir, sentir y confiar.


Solo en 2019, durante mi primer Profesorado de Yoga, fue posible aprender el Arte de la Meditación, es decir, el arte de sentir, despertando lo mejor que habita en mí. Aprendí a dirigir mi atención al interior de mi cuerpo, a sentir mi corazón latir, a contemplar la energía que circulaba dentro de mí a través de mi respiración, a llevar mi mirada entre las cejas y ver destellos de luz. Aprendí a estar en completo silencio y a dar gracias todos los días por la increíble, única y perfecta creación divina. Aprendí a estar agradecida por ser y estar. Aprendí a amar.


La meditación es un estado de conciencia. Es un camino de autodescubrimiento. Es aprender a sentir y contemplar tu ser interior. Es confiar en el canal de luz que eres. Es amarte a ti mismo. Es sentirse agradecido por cada respiro, por cada amanecer, por cada paseo, por cada momento. Es reconocer que tu vida es única y valiosa. Es aprender a soltar el control y a confiar en toda la energía positiva que habita en tu interior. Es ser el protagonista de tu propia mente, donde reconocemos que producimos pensamientos y solo prestamos atención a ese pensamiento que deseas.


No existe una regla única para aprender a meditar. Hay varias formas de desarrollar este estado de conciencia. Podemos comenzar con la meditación guiada, con la técnica del mindfulness. Podemos empezar acostado, sentado, de pie, caminando. Podemos cantar mantras, vibrar sonidos. Incluso podemos meditar con los ojos abiertos. ¿Por qué? ¡Repito! La meditación es un estado de conciencia.






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